Astronomía: la venerable (y a veces invisible) ciencia madre

Author: Anónimo (no verificado) Fecha:Octubre 28, 2017 / Etiquetas: astronomía, Ángela Posada-Swafford, Ciencia en Colombia

Por: Ángela Posada-Swafford

Las siguientes son las cinco razones por las cuales la astronomía es una ciencia genial:

  1. Es linda: qué regalo para el alma son, por ejemplo, la majestad de la Vía Láctea y la filigrana de los anillos de Saturno.
  2. Es extrema: nada más frío que el espacio, nada más caliente que una estrella o más violento que un agujero negro.
  3. Dispara nuestra curiosidad: la astronomía nos enfrenta de lleno con algunos de los problemas fundamentales de la realidad misma. El estudio de las estrellas empuja las fronteras del conocimiento en todas las direcciones.
  4. Nos dice cosas sobre nuestro pasado: cuando uno mira a una estrella cualquiera más allá del sol, la luz que ve dejó esa estrella hace muchos años.
  5. Es nuestro futuro: la astronomía es importante a corto y a largo plazo, cuando estaremos dependiendo del espacio para muchas cosas, desde encontrar metales en un asteroide hasta buscar refugio en otros planetas.

Yo la llamo “la venerable ciencia madre”, y veo que en Colombia pasa algo bien particular con ella: la gente en el país sabe más sobre lo que hacen los astrónomos aficionados (cuya pasión como observadores es absolutamente inspiradora) que lo que estudian los astrónomos profesionales (algunos de los cuales están publicando ciencia de primer nivel en revistas indexadas en el exterior). Creo que uno tiene que saber qué hacen ambos grupos.

Por eso, hace poco estuve conversando con Jorge Zuluaga y Pablo Cuartas, de la Universidad de Antioquia —a quienes tras años de amistad he definido como mis astrónomos de cabecera—, para que me explicaran un poco cuál es el estatus de esta ciencia en el país. Aprendí que tenemos gente trabajando en importantes proyectos internacionales de astronomía y sus hermanas la astrofísica, la cosmología y la astrobiología. Supe que existen estudios superiores de astronomía en las universidades Nacional, Antioquia, Los Andes y la Industrial de Santander, principalmente. Que tenemos al menos 40 doctores en astronomía en el país y otros tantos a punto de regresar de estudiar en otros lugares.

También aprendí que hay muchos sueños de infraestructura haciendo cola: un telescopio de extrema tecnología, brillantemente ideado por Zuluaga y sus colegas, tendría cuatro espejos de un metro cada uno, montados sobre una base de 50 metros. Buscaría, entre otras cosas, exoplanetas (los que están fuera del Sistema Solar).

Pero esa ilusión reposa desde hace tiempos sobre el escritorio (¿o el cesto de basura?) de la Gobernación del Huila, dueña de uno de los cielos más espectaculares en Colombia para la astronomía: el Desierto de la Tatacoa. Si Huila tuviera un poquitín de visión, habría agarrado ese proyecto como violín prestado para hacerse conocer entre científicos y turistas del mundo entero. Solo hay que preguntarles a los chilenos por el turismo que les entra solo para ir a ver el museo de ALMA, en Atacama.

Si por el Sueño Número 1 llueve, por el Número 2 no escampa. Ese sí que es bonito: crear un Instituto Colombiano de Astronomía que les dé alas a todos esos profesionales recién posgraduados y que sirva de centro nervioso entre Colombia y el Big Bang.

Pero yo creo que el que no sabe es como el que no ve. Si la información es poder, hay que hacer ruido sobre la astronomía colombiana. Hacer ruido dentro y fuera del país. Y no solo se trata de pedir a gritos esa infraestructura, sino de no ser tan tímidos con los papers, las publicaciones de los estudios científicos en las revistas indexadas. Si yo fuera científica y me publicaran un artículo en alguna de esas importantes revistas, le haría su propio boletín de prensa en español e inglés y lo enviaría a montones de lugares de divulgación de la ciencia donde recogen esos avances como granitos de oro.

Y también golpearía con ganas las puertas de las oficinas de comunicaciones de mi universidad o instituto, pidiendo que me publiquen en sus redes y le den bombo y lo manden a los medios, y abriría las puertas de mi oficina a entrevistas. Porque hoy en día, más que nunca antes, los científicos tienen que ser sus propios agentes de publicidad. Para muchos investigadores, es tabú hacerse prensa. Y están errados.

Quizás ese podría ser un tema de conversación para el próximo Congreso Colombiano de Astronomía y Astrofísica, adorablemente apodado COCOA, en la Universidad Tecnológica de Pereira. Por mi parte, estoy abierta a ayudar a organizar nuestras legiones y hacer más visibles las magníficas investigaciones de Colombia en las estrellas.

 

Ángela Posada-Swafford es una periodista científica y escritora colombiana radicada en Estados Unidos. Ganadora de reconocimientos como el Premio Simón Bolívar de periodismo.

Las opiniones de los colaboradores no representan una postura institucional de Colciencias. Con este espacio, Todo es Ciencia busca crear un diálogo para construir un mejor país.

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