El diseñador industrial que simula tejidos humanos en 3D

Author: Anónimo (no verificado) Fecha:Septiembre 14, 2018 / Etiquetas: Simulación, impresión 3D, Universidad del Bosque

Llegó con una maleta negra de la que procedió a sacar pedazos de cuerpo humano: hígado por acá, apéndice, unos riñones, la base de la columna vertebral, un corazón, pulmones. Los pusó sobre la mesa, uno a uno, detallando cómo los había obtenido, su textura, nos invitaba a tocarlos, a mirarlos más de cerca. Su nombre es Juan Sebastián Ávila, es diseñador industrial, y se dedica a imprimir partes humanas en 3D. Su misión: darles a los estudiantes de medicina herramientas pedagógicas que se asemejen lo más posible a los órganos y tejidos humanos, de forma que su preparación se acerque lo más posible a la experiencia real, sin necesidad de pruebas animales o cuerpos reales.  

 

Estas simulaciones son cruciales, nos dice Juan, ya que hay una brecha importante entre los escenarios en que practican los cirujanos y los entornos reales donde se espera que realicen su oficio: hay cirugías que se practican miles de veces en dos dimensiones, pero el cuerpo no está en un papel, tiene volumen, textura. Un cirujano depende de entrenar la sensibilidad y precisión de su tacto, y las simulaciones que produce Ávila y su equipo intentan acercarse lo más posible a la realidad para cerrar esta brecha

Juan Sebastián tiene una maestría en diseño industrial del Politécnico de Milán y cursa un doctorado en diseño y gestión de proyectos en Madrid, aunque trabaja en la Universidad del Bosque como profesor e investigador. Como era de esperarse según el énfasis de la universidad donde ejerce su profesión, Juan dirige múltiples proyectos de creación y diseño biomédicos, en este campo de la impresión 3D donde Colombia apenas incursiona. “Es un campo que no tiene fin” dice Juan, “lo que falta es tiempo y recursos.” Juan Sebastián cree que estamos ante una nueva generación de diseñadores industriales y se enorgullece que su universidad y el SENA lo apoyen en su búsqueda, ya que, a parte de Brasil, somos el único país en América Latina intentando lo mismo. 

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