A huir que vienen los científicos

Author: Anónimo (no verificado) Fecha:Julio 13, 2018 / Etiquetas: divulgación científica, Ciencia, recomendado
¿Para qué necesitamos a los científicos? Columna de Mario Víctor Vázquez ilustrada por Electrobudista

Por Mario Víctor Vázquez

Partamos de algo en lo que todos estamos de acuerdo: los científicos trabajan por el bien de la humanidad, para resolver todos los problemas, nuestros problemas. De alguna manera somos los mecenas porque, en parte, a través de nuestros impuestos ellos pueden investigar en pro de nuestro bienestar. Suena como un buen negocio.

¿Debieran ellos contarle a la sociedad que los financia en qué se está invirtiendo el dinero? Algo que ordenaría cualquier directivo de una empresa privada: pedirles a sus empleados que rindan cuenta de lo que hacen. Suena lógico.

Hagamos el siguiente experimento imaginario. Fase uno: pidamos a cada científico que seleccione lo que él considere lo más importante de su trabajo. Seguramente aparecerán temas relacionados con el calentamiento global, la deforestación del suelo, el uso racional de los medicamentos, la protección de la biodiversidad, la cuántica, los exoplanetas, la crisis energética, la falta de alimentos… Es decir, todo eso que los científicos ponen en el planteamiento del problema a la hora de solicitar recursos. Suena inmenso.

Pasemos a la fase dos del experimento. Conscientes de que existe la obligación moral de contar a la sociedad todo esto que han desarrollado por nuestro bien, ahora tenemos el inconveniente de cómo hacerlo comprensible, ya que la sociedad la integramos mayoritariamente personas que no manejamos todas las áreas posibles del conocimiento (a duras penas nos desenvolvemos con los celulares inteligentes). Se hace necesario, por tanto, que los científicos hablen en un lenguaje común que podamos comprender. Suena utópico.

Ahora en la fase tres del experimento. Supongamos que los científicos consiguieron dominar un lenguaje adecuado para que todos comprendamos esas cosas interesantes que hacen. Se dan las condiciones óptimas para la comunicación. Entonces, así como alguna vez navegaron los mares algunos bárbaros conquistadores, imaginemos una nave cargada con estos personajes ávidos de contar lo que hacen, aunque sea un solo tema elegido por cada uno de ellos. Aquí surgiría un nuevo personaje: José Sociedad, un tipo barrigón sentado debajo de una palmera, tomando una cerveza lentamente (equivalente a “tomar suave una cervecita”) y disfrutando de la vida. Ante la visión de esta horda ilustrada acercándose, ¿dejaría su palmera y su cerveza para escucharlos a todos y cada uno de ellos? Suena imposible.

¿Pero entonces qué hacemos? ¿Le pedimos a José Sociedad que siga financiando todo eso que desconoce y que confíe en que ellos harán un buen uso del dinero que les dio? Suena a solución salomónica.

Pero hay algo que no hemos tenido en cuenta. ¿Qué le sucederá a José Sociedad cuando en esas naves se cuelen los pseudocientíficos? Esos que prometen la cura imposible, la atracción fatal o evitar la caída del pelo, entre otros milagros. ¿Podrá distinguirlos sin haber oído a los verdaderos científicos? Suena tenebroso.

Si llegaran en dos naves claramente identificadas no sería tan grave, pero ellos se las ingenian para mezclarse con los verdaderos científicos y muchas veces logran el cometido de engañar a José Sociedad. Ante esto, no es opción realista que José Sociedad deje de disfrutar la palmera y se ponga a estudiar cada caso; y tampoco conviene dejar todo librado a la fortuna, a las fases de la luna, el chance o al más allá.

La situación es compleja en verdad, pero tal vez una salida sea apelar a “vacunas”, esas que la Organización Mundial de la Salud define como “cualquier preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos”. En este caso, sería darle a José Sociedad pequeñas dosis de información adecuada para que vaya creando anticuerpos; es decir, para que llegue a tener el criterio necesario para poder distinguir entre científicos esforzados y los estafadores de turno. Vacunas como por ejemplo las columnas, artículos y documentales de Todo es Ciencia, sin olvidar de leer bien las contraindicaciones:

“Usar con precaución, el uso adecuado puede traer severas consecuencias sobre su ignorancia, en caso de duda consulte con su divulgador de cabecera”.

¿Suena bien, verdad?

 

Ilustraciones de Electrobudista para Todo es Ciencia.
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