Medir a la colombiana

Author: Anónimo (no verificado) Fecha:Diciembre 11, 2017 / Etiquetas: Eduardo Arias, Colombia
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Por Eduardo Arias

Uno de los pilares básicos de las ciencias exactas, físicas, naturales y también de las humanas es la precisión en las mediciones. Durante milenios, la humanidad ha desarrollado métodos e instrumentos capaces de medir con cada vez mayor precisión desde la distancia entre un protón o un electrón hasta la velocidad a la que se alejan unas de otras galaxias ubicadas a miles de años luz de distancia. ¿Y todo eso para qué? Para que en un país llamado Colombia las unidades de medida que utilizan las personas en su vida diaria sean un verdadero caos.

Es como si se hubiera regresado a la época en que el tamaño del pie del rey de turno era la medida oficial del reino. A ese nivel de arbitrariedad hemos llegado. Incluso peor. Para comenzar, la medición del paso del tiempo. Veamos un ejemplo. Usted llega a una cita y la persona que busca no ha llegado. Alguien le indica que lo espere, que se demora unos diez minutos. Perfecto. Diez minutos son diez minutos, con un margen de error de un par de minutos más o de menos. Espere tranquilo. Es casi seguro que la persona llegará en ese lapso. Pero si le dicen que se demora unos diez minuticos: alerta roja. No son cinco, o tres, como haría pensar a un incauto el uso del diminutivo. Diez minuticos pueden ser media hora, cuarenta y cinco minutos, hora y media… o que lo deje esperando tres horas y nunca llegue. Eso sí, el culmen de la incertidumbre absoluta es la expresión “espere tantico”. Ese tantico puede llegar a ser lo más cercano a una era geológica.

Y es que el diminutivo en Colombia cumple funciones muy variadas. No solo en la medición del tiempo sino de volúmenes. Cuando a usted le dicen que una mujer es gorda, puede tratarse de un leve exceso con respecto a los parámetros dictatoriales de belleza femenina que dictan los diseñadores de moda. Pero si le dicen que está “como gordita”, es muy probable que se trate de un caso ya preocupante cercano a la obesidad. En Colombia el diminutivo es como un expiador de culpas. En las fiestas a usted siempre le ofrecerán un traguito, así sea un vasado hasta el tope de vodka puro. ¿Será que el diminutivo vodkita hace desaparecer el contenido alcohólico de la bebida? ¿O que disminuye el sentimiento de culpa si no es un ron sino un roncito?

¿Y las distancias? Por lo general están relacionadas con el tiempo. Más que en metros o kilómetros, la gente las mide en función del tiempo que se emplea para ir de A a B. ¿A qué distancia está Girardot de Bogotá? 99,9 por ciento contesta “como a unas tres horas dándole”. 0,1 por ciento respondemos “a unos 120 kilómetros”. Pero ese es un detalle menor. Es mucho más llamativo el don de la ubicuidad que parecen tener ciertas personas. Quién no ha oído en un bus conversaciones telefónicas ajenas y notado cómo una persona que está a la altura de la calle 100 dice sin ruborizarse que en ese momento está llegando a la 34. ¿Miente la persona? No. Usa el gerundio, lo que marca una sutil diferencia. Una cosa es haber llegado y otra estar llegando, lo que significa cualquier cosa. Siempre debe generar preocupación en Colombia el uso del verbo auxiliar “estar” unido al gerundio “llegando” (o “entrando” o “parqueando”). Y más cuando a estos dos antecede el adverbio ya. “Ya estoy llegando”. Y si se lo dicen con el agregado “pere tantico”, váyase tranquilo. Acaban de confirmarle que lo dejaron metido.

Para no extenderme más, no me referiré en detalle a unidades de medida como el tris, la pizca, el tabaco, el ya (“los ladrones se entraron fue en un ya”) y tantas otras que hacen que en Colombia el arte de medir se acerque tanto al vicio de mentir.

 

Harold Lloyd en la película muda Safety Last! de 1923.

Biólogo dedicado a las comunicaciones. Eduardo Arias ha escrito como periodista acerca de temas de medioambiente y divulgación científica. Ha escrito libros y publicaciones para el Inderena y el Instituto Alexander von Humboldt. También ha escrito varios libros de humor político y fue libretista y argumentista en el programa Zoociedad. En la actualidad es periodista independiente y ejerce el cargo de defensor del televidente de Señal Colombia.
Las opiniones de los colaboradores no representan una postura institucional de Colciencias. Con este espacio, Todo es Ciencia busca crear un diálogo para construir un mejor país.

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