Facebook, Amazon y Google: ¿la máquina que decide elecciones?

Author: erincon Fecha:Agosto 16, 2019 / Etiquetas: Amazon, Google, Facebook, Internet, ciencia ficción

Por Eduardo Arias

En 1957, Isaac Asimov, escritor de ciencia ficción y también divulgador de la ciencia, la historia y otras materias, publicó un libro de relatos titulado Con la Tierra nos basta, en el cual figura Sufragio universal, que había publicado un par de años antes en la revista If

En esta historia, Asimov presenta por primera vez a Multivac, un computador ficticio que aparecería más adelante en varias de las obras que escribió hasta 1975. En ellas, las especificaciones del aparato varían de acuerdo con los requerimientos de cada relato o novela. En líneas generales, Multivac es una computadora que opera el gobierno de Estados Unidos y rige la gran mayoría de las decisiones que se toman en ese país. Este aparato, de un kilómetro y medio de longitud, está enterrado a gran profundidad en un lugar secreto y a él tienen acceso muy pocas personas. 

En Sufragio universal, Multivac selecciona a la persona más representativa de Estados Unidos para interrogarla y así termina de identificar cuál es el pensamiento de las mayorías. La premisa de Asimov en aquel ya lejano año de 1955 es que en el futuro los computadores podrán llevar a cabo predicciones acertadas si se le suministran todos los datos necesarios. A Multivac sólo le hace falta indagar lo que opina una sola persona de Estados Unidos para terminar de deducir cuál sería el resultado de unas elecciones si votara todo el pueblo. Es decir, las respuestas de ese personaje del común se encargarán de decidir los resultados de las elecciones del 4 de noviembre de 2008, un año aún lejano en el futuro cuando Asimov escribió este cuento.

El elegido es Norman Muller, "un vulgar vendedor de un almacén de Bloomington, Indiana", al que llevan a un hospital vigilado por soldados. Le conectan electrodos que monitorearán su presión sanguínea, las pulsaciones, la conductividad de la piel y las ondas cerebrales durante el interrogatorio y, antes de que este empiece, le explican: "Multivac posee ya la mayoría de información necesaria para decidir todas las elecciones nacionales, estatales y locales. Únicamente necesita comprobar ciertas imponderables actitudes mentales y para ello recurriremos a usted. No podemos predecir qué preguntas formulará, aunque cabe en lo posible que no tengan mucho sentido para usted".

Tras una extenuante sesión de tres horas, en las que Muller debe contestar preguntas del tipo "qué opina usted del precio de los huevos", Multivac logra dar el veredicto final de las elecciones, que se dará a conocer al día siguiente.

Yo leí este relato en 1982, cuando estaba recién graduado de la universidad, y me impactó profundamente. Y en estos últimos meses ha vuelto a mi mente en repetidas ocasiones. No dejo de preguntarme si Multivac, ese enorme aparato omnipresente que Asimov imaginó en los años 50, no es más que una representación de época de lo que estamos viviendo en estos tiempos en que empresas como Facebook y Google tienen en su poder billones o trillones de datos de miles de millones de usuarios en todo el mundo de computadores personales, tablets y teléfonos inteligentes, y que, a su manera, están en capacidad de comportarse como Multivac.

Las redes sociales manipulan de una u otra manera a las personas; gigantes como Google y Amazon conocen cada vez más en detalle los gustos de los individuos; un ejército de miles de millones de teléfonos inteligentes están en capacidad de decirle a quien sepa cómo acceder a la información en qué lugar se encuentra una determinada persona, con quién acaba de hablar o de chatear, qué transacción bancaria o comercial acaba de realizar.

Sólo que el panorama actual es mucho peor al que se plantea en Sufragio universal. Asimov era un escritor positivista que pensaba que la tecnología estaría al servicio del bienestar común de la humanidad. En cambio, lo que uno percibe con este Multivac versión "nube" que nos rige es que debajo de esa capa de alegres y despreocupadas comunidades, que comparten fotos de familia o de viajes, y de la comodidad de estar a un click de distancia de infinidad de experiencias de diversa índole, se esconde una maquinaria capaz de hacer creíbles verdades a medias y mentiras, de manipular a millones de personas para que se comporten o piensen de determinada manera, de hacerles creer que están tomando decisiones que apuntan a su bienestar y el bien colectivo cuando en realidad sólo benefician a grupos particulares de interés, tal como se ha denunciado repetidamente en los casos de las elecciones del Brexit y de Donald Trump. Una versión de Multivac que no requiere de un edificio de un kilómetro y medio de largo enterrado bajo tierra en un lugar secreto sino que flota en un lugar indeterminado y ocupa los bolsillos de miles de millones de personas que viven pegadas a su teléfono inteligente.

En 1955, Isaac Asimov no tenía cómo prever la revolución que provocó la aparición de los computadores personales. Murió en 1992, cuando la web era, a lo sumo, una herramienta de comunicación entre un puñado de académicos de algunas universidades muy selectas. Él no supo qué era una tablet, un teléfono inteligente y mucho menos Facebook, Google o Amazon. Sin embargo, el párrafo final del relato, con su leve dejo de sarcasmo, parece profetizar el futuro (o quizá el presente) que vivimos en estos tiempos de la dictadura de las redes sociales. "De pronto Norman se sintió orgulloso, lleno de energía. Ufano y arrogante. En este mundo imperfecto, el pueblo soberano de la primera y mayor Democracia Electrónica había ejercido una vez más, a través de Norman Muller (a través de él), su libre derecho al sufragio universal".

 

Biólogo dedicado a las comunicaciones. Eduardo Arias ha escrito como periodista acerca de temas de medioambiente y divulgación científica. Ha escrito libros y publicaciones para el Inderena y el Instituto Alexander von Humboldt. También ha escrito varios libros de humor político y fue libretista y argumentista en el programa Zoociedad. En la actualidad es periodista independiente y ejerce el cargo de defensor del televidente de Señal Colombia.
 
Ilustraciones de Mariana Rojas para Todo es Ciencia.
 
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