Dios no existe y probablemente lo mató Rick Sánchez.

Author: erincon Fecha:Julio 02, 2019 / Etiquetas: Rick and Morty, Ciencia, Serie, scifi, recomendado
Rick and Morty Exquisite Corpse, del canal de YouTube de Rick and Morty de Adult Swim

por Felipe Useche

Entre los fenómenos pop más recientes aparecía, por allá en el 2013, una cínica y obscena serie animada llamada Rick and Morty. De entrada la serie comienza con sus constantes homenajes al cine de ciencia ficción de los años 80 y 90, los personajes principales son un anciano científico loco, Rick, y su nieto adolescente, Morty, que tienen alocadas aventuras mientras viajan –no por el tiempo– sino a través de dimensiones múltiples. Es Volviendo al Futuro si Doc Brown fuera un nihilista alcohólico y Marty, es lo mismo pero con una “o” en vez una “a”, pero ya volveremos sobre eso.

Rick and Morty ha sido nominada a más de 25 premios y ha ganado varios de esos. Además, se ha convertido en una serie de culto, al punto de que su fanaticada ha adquirido mala fama gracias a un desafortunado comentario de un redditero que decía que el fino humor escatológico de Rick requería un IQ alto para entender. Evidentemente no es así, pero la serie si tiene un trasfondo que van un poco más allá que el puro sarcasmo.

El caso es que la serie animada es bastante conocida por sus memes, derivados de situaciones alocadas –como cuando el abuelo se convierte a sí mismo en un pepinillo para evadir una sesión psiquiátrica familiar– y sus constantes referencias a la cultura pop, que no se esfuerzan por ocultar sino que, en esa vena característica del meta-humor de hoy, señalan de entrada, sabiendo que su público es tan conocedor de las referencias como ellos. Así, aparecen todo tipo de homenajes, desde un Jurassic Park hasta Inception,  pasando por Viernes 13, Cazafantasmas, Alien e incluso Los Vengadores de Marvel.

El programa también disfruta de guiños sarcásticos al género de la ciencia ficción. Por ejemplo, a la hora de justificar sus tramas descabelladas usando la jerga inventada y nada científica de Rick para justificar el funcionamiento de sus aparatos que desafían cualquier noción, así sea imaginativa, de la ciencia de verdad. Así aparecen pistolas de portales, rayos miniaturizadores, gafas inter-dimensionales, pistolas congeladoras, amplificadores de cognición, desfibriladores iónicos y cualquier otro dispositivo ex machina que la trama requiera para avanzar.

De esa manera Rick and Morty es tan científica como Volviendo al Futuro, en la mayoría de los casos. Aun así, a veces hace chistes a costa de la ciencia de verdad, como en ese capítulo en el que parten del principio de indeterminación de Heisenberg y los protagonistas acaban perdidos en un universo inestable gracias a ello, rodeados de gatos de Schrödinger. La ciencia dura no es su fuerte. En cambio, en ciencia ficción, Rick and Morty es una serie que, entre sarcasmos y chistes sobre pedos, logra una profundidad que dialoga con una amplia tradición literaria que usa la ciencia como una excusa para hacer preguntas de tamaño titánico, del tipo que hicieron películas como Matrix o Blade Runner, y que nos dejan con una sensación similar de tristeza y angustia y curiosidad frente a nuestra propia existencia en este universo vasto y cruel. Súper divertido.

Rick and Morty Exquisite Corpse, del canal de YouTube de Rick and Morty de Adult Swim

Pero vamos en orden, porque así Rick and Morty es catalogada como una serie de ciencia ficción, las ideas sobre las que basa sus historias son menos Star Wars y más el horror cósmico, tan influyente, del agorafóbico escritor estadounidense Howard Philip Lovecraft. 

Si no saben de él, entérense, porque es probablemente una de las figuras más influyentes para la cultura pop de hoy, siendo inspiración, por poner ejemplos, de Guillermo del Toro, Stephen King, Alan Moore, Mike Mignola, H.R. Giger,  Junji Ito, Terry Pratchett, entre muchos otros. Como podrán ver por la lista, Lovecraft es un favorito de los que escriben historias de terror y no es de extrañar porque su idea del horror cósmico es fundamental para entender nuestros miedos contemporáneos.

En su época, por allá en los años veinte, Lovecraft contemplaba el optimismo del mundo científico y racional con preocupación. La astronomía y la física, en particular, era un asunto de angustia. Con las primeras aplicaciones teóricas de la relatividad de Einstein y los trabajos de Edwin Hubble, las ideas tradicionales sobre el cosmos tenían que ser revisadas. El universo se hallaba en expansión, había muchas más galaxias afuera de la Vía Láctea y al parecer tanto Euclídes como Newton eran casos menores de un universo mucho más extraño y grande y difícil de comprender. Con sus búsquedas racionales de la verdad, la misma ciencia se había hecho un tiro en el pie, las incógnitas eran cada vez más que las respuestas, las verdades más localizadas, más específicas, menos universales. La confianza en la capacidad de la ciencia para resolver todos nuestros dilemas, desde la supervivencia hasta la moralidad, se iba poniendo en duda. Con Freud ni siquiera podíamos confiar ciegamente en nuestra propia razón, que escondía monstruos en los resquicios de nuestra identidad.

De ese pesimismo, Lovecraft engendró su idea del horror cósmico. La mente humana es limitada y las verdades sobre el universo no nos redimen como seres humanos, sino que constatan nuestra insignificancia frente a la infinitud del cosmos. Frente a la revelación de la verdad, frente a la ciencia, frente a la racionalidad, para Lovecraft, no hay salvación, sino miedo y locura.

Solo hay que ver un capítulo de Rick y Morty para constatar que el horror cósmico late en el corazón de la serie. Todos los personajes intentan responder a esa pregunta que subyace a entender que viven en un universo indiferente, cruel y más allá de su comprensión. Mucha de la ciencia ficción, como Star Wars o Star Trek, usa similares tropos que Rick and Morty –viajes dimensionales, encuentros alienígenas, guerras intergalácticas–, sin embargo, a pesar de la presencia de seres alienígenas e infinitos espacios-tiempo, siempre pareciera que la humanidad es el centro del universo. El drama ocurre alrededor de la familia Skywalker o del Enterprise y sus tripulantes. Nunca estos elementos de ciencia ficción cuestionan de manera existencial a los personajes. En Rick and Morty, en cambio, las alocadas y absurdas premisas sacadas de la ciencia ficción hieren con más fuerza, porque los personajes las asumen como las crisis filosóficas que implican.

Por ejemplo, tomemos uno de los primeros capítulos. Rick, agotado de resolverle los problemas a su familia, decide darles un aparato que les ayude a sortear sus dilemas cotidianos. Es una caja con un botón que, al oprimirlo, manifiesta un ser azul llamado Meeseeks, una especie de genio que, aunque no puede conceder deseos, vive para resolver un único problema. Una vez resuelto el chicharrón, deja de existir. Ridículo. El padre de Morty, pensando pedir algo simple, le pide al Meeseeks que lo ayude a mejorar en golf. A lo largo del capítulo, Jerry (el nombre del padre) es incapaz de mejorar a pesar de los esfuerzos de su genio azul. Traen más para ayudar. No lo logran. El tiempo pasa y los Meeseeks, frustrados, no saben qué hacer. Su vida tiene un único propósito y no son capaces de cumplirlo, cada día que pasa es un día más de existir y se va aclarando que estas criaturas azules son incapaces de lidiar con su propia existencia y frustración. Empiezan a desear morir y culpar a Jerry por traerlos al mundo.

Ese es sólo un capítulo de muchos donde exploran temas como la depresión, las contradicciones de la libertad, el sentido de la propia muerte, la paternidad, la felicidad y la religión, entre otros. No hay que engañarse, en todo caso, Rick and Morty no es una serie que ofrece respuestas o que siquiera aspira a tenerlas. Es una serie de humor cínico que ofrece una mirada honesta, aunque llevada al extremo, de las aparentemente inocentes premisas de las historias populares de ciencia ficción. ¿Qué pasaría si en realidad hay infinitas versiones de mí mismo en otros universos? ¿Qué significa mi muerte o la de mis seres queridos en ese caso? ¿Qué tiene de especial mi universo frente a todos los demás? ¿Qué valor tiene mi historia y la de mi gente cuando hay millones de mundos donde todo ocurrió de manera distinta?

Este tipo de preguntas no son nuevas en la ciencia ficción, por el contrario, constituyen el corazón de esa exploración literaria de imaginación científica que es el género. Desde los experimentos de Ray Bradbury sobre ¿qué pasaría con una sociedad que deja de leer?, pasando por la inteligencia artificial y La última pregunta de Asimov, lo que nos atrae de la ciencia ficción, además de la espadas láser, naves espaciales y portales interdimensionales, es que nos obliga a hacernos preguntas sobre nuestra sociedad, nuestro mundo y nuestras vidas al explorar escenarios descabellados, futurísticos, imposibles. Al final de esta exploración, no es raro que descubramos que parecen más plausibles y verosímiles que la misma “realidad” que nos rodea. Cada uno de los capítulos de Rick and Morty nos obliga a tomarnos la pepa roja de Morfeo y visitar un mundo extraño y, aun así, perturbadoramente familiar.

Rick and Morty, aunque no nos ofrezca apoyo para lidiar con las preguntas que plantea, no pretende, a diferencia de Lovecraft, que nos refugiemos en el miedo, la locura y los prejuicios. Por el contrario, nos invita, con sardónica sonrisa, a reírnos del absurdo y aceptar, con humor, ese vacío de sentido que somos.

 

 Las opiniones de los colaboradores no representan una postura institucional de Colciencias. Con este espacio, Todo es Ciencia busca crear un diálogo de saberes para construir un mejor país.

ALIADOS