Los pixeles de la realidad

Author: Anónimo (no verificado) Fecha:Julio 28, 2018 / Etiquetas: Tecnología, realidad virtual, realidad aumentada, recomendado
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Por Andrés Carvajal

La otra vez que estuve en las hirvientes selvas tropicales, una indígena colombiana se me acercó y empezó a cantar, luego sentí un ruido que hizo que me volteara y de pronto me encontré en una tundra helada donde cantaba una indígena canadiense. Me puse dizque a ayudar a un castor a partir leña para que pudiera salir a ayudar a su nuevo amigo, un cóndor gordo perdido en Columbia Británica, a volver a los Andes colombianos. Me senté en medio del horror, en un monte húmedo, entre un grupo de secuestrados por grupos armados ilegales colombianos. Estuve en un viaje musical tridimensional donde sentía los beats duro en la columna y en los pulmones. Traté de agarrar mascotas zombis en la cancha de fútbol del Gimnasio Moderno de Bogotá. Nada de lo que consumí para tener estas experiencias ha sido objeto (aún) de la genial idea de la prohibición. Lo que estaba consumiendo por primera vez en mi vida era realidad virtual o realidad aumentada. Andaba en el BAM (Bogotá Audiovisual Market), en la carpa en la que se mostraban los proyectos ganadores de la convocatoria New Media, donde yo estaba con mis videos de sátira. Podía estar con un pie en la selva y el otro en la tundra, pero los que pasaban por ahí me veían sentado en una simple silla giratoria, con un dispositivo en la cabeza, mirando a todas partes como cazando pispirispis. Aparte de la estimulante y adictiva sensación de entrar a la matriz (o salir de ella, no se sabe) sentí que la realidad virtual es la ciencia. No me refiero a los desarrollos científicos que, por supuesto, están implícitos en esta tecnología, sino a que la realidad virtual es una metáfora de la ciencia. Mejor dicho, al quitarse el dispositivo de la cabeza y observar la cosa desde afuera, se pueden mirar aspectos claves de la ciencia, en su sentido amplio de búsqueda del conocimiento y transformación de la sociedad.

La puerta de la realidad

Tanto la ciencia como la realidad virtual empiezan por mostrarnos una salida de la realidad. La realidad virtual está en su infancia: aún se sienten los pixeles, el peso del dispositivo, los algoritmos que generan los movimientos. Yo nunca pude enfocar perfecto lo que veía y extrañaba ver de refilón la referencia tranquilizadora de mi nariz. A pesar de eso, uno siente que va saliendo de esta realidad y entrando en otra cosa. Como cuando Alexander Fleming descubrió la penicilina y la humanidad empezó a salir poco a poco de su realidad, la de un mundo sin antibióticos donde la gente podía morirse por una faringitis bacteriana. Como cuando los trabajos en ciencias sociales de John Stuart Mill empezaron a sacar a la sociedad de su realidad del siglo XIX, donde la mujer no tenía derecho a la educación ni al voto y solo era bien vista en la casa como esposa y madre o en el convento consagrada a la vida religiosa o al cura de turno.

Las filosofadas

Los avances científicos y tecnológicos han abierto controversias filosóficas y debates éticos. La teoría heliocentrista, las primeras máquinas de la revolución industrial o las aplicaciones de la biología genética, han hecho que la sociedad se pregunte cosas como: Ay, si el hombre no es el centro del universo, ¿qué haremos, Dios mío? Si las máquinas reemplazan el trabajo humano, ¿a quién vamos a explotar? Si llegamos a la edad de 200 añitos por lograr aplazar genéticamente la muerte, ¿dónde construiremos los millones de salones de bingo que se necesitarán? La realidad virtual, según el filósofo y científico cognitivo David Chalmers, también hace pensar cosas como las que se preguntó Descartes hace montones de años: ¿cómo sabemos que no estamos siendo engañados por un genio malvado que nos está transmitiendo las sensaciones que percibimos directamente a nuestros cerebros mientras nada de lo que supuestamente nos rodea existe? ¿Estaremos ahora en un espacio virtual creado por máquinas o hackers para su diversión o para experimentar con nosotros? Si nos tomamos en serio las angustias heliocentristas de no ser el mero centro del universo, ¿por qué no tomarnos en serio estas preguntas? Al fin y al cabo, como señala el filósofo Nick Bostrom, mientras la tecnología avanza, en la historia del universo se van a crear billones de mundos simulados, ¿cuáles son las probabilidades de que seamos tan de buenas y estemos justo en el único mundo no simulado que existe?

La realidad real

Nunca faltarán los que sueñan con volver a la caverna, pero este ya no es el mundo donde un mensaje se demora meses en llegar a otro continente. No es el mundo sin anticonceptivos donde el sexo solo por placer es muy embarazoso y casi diabólico (sobre todo para las mujeres). Ni es el mundo de la viruela, muy contagiosa, mortal y cuyos sobrevivientes suelen quedar ciegos, estériles y llenos de cicatrices. Cuando los conocimientos científicos y tecnológicos se perfeccionan, la humanidad atraviesa del todo la puerta y el mundo cambia para siempre. Cuando la realidad virtual se perfeccione, van a crearse muchas experiencias donde las diferencias con el universo físico serán imperceptibles, en las que se podrá sentir el viento en la cara y los olores, interactuar con seres humanos y tener relaciones significativas, sin razones suficientes para catalogar a esos mundos en una segunda categoría, ni para calificarlos como una caza de pispirispis, ni para decir que no son una realidad real.

 
Andrés Carvajal ha escrito sátiras para diversos medios y formatos, como la ponencia White Elephants Come First (en la conferencia sobre derechos humanos y educación de Colombian Academics en City University of New York - 2016). Ganador de la convocatoria New Media 2017 (Proimágenes, MinTic y Canada Media Fund) con Aprende con Muchotrópico, formato audiovisual de sátira. Cocreador y editor de la serie documental infantil Emoticones, finalista en los festivales Prix Jeunesse International 2018 y FAN Chile 2018.
Ilustraciones de X-Tian para Todo es Ciencia
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