Cuando el tiempo no nos cabe en la cabeza

Author: Anónimo (no verificado) Fecha:Septiembre 14, 2018 / Etiquetas: Eduardo Arias, recomendado, tiempo, evolución
Cuando el tiempo no cabe en la cabeza. Columna de Eduardo Arias ilustrada por Mariana Rojas (La Furys)

Por Eduardo Arias

Uno de los principales obstáculos para entender el universo que nos rodea es la percepción del tiempo. Nuestra mente está capacitada para dimensionar lapsos tales como el día, la semana, el mes… Pensar en términos de años y décadas ya nos exige cierto esfuerzo de abstracción y consideramos que en un centenario o un bicentenario se conmemoran sucesos que ocurrieron hace una eternidad. Lo mismo nos sucede cuando nos predicen cómo sería este planeta en el año 2100. Es como si nos hablaran de un mundo irreal al cual no pertenecemos.

Leemos que los dinosaurios se extinguieron hace 65 millones de años o que la Cordillera Oriental se comenzó a formar hace 5 millones de años y repetimos esas cifras como loros, sin tener la menor posibilidad de concebir su verdadero significado. Cuando uno lee que el período Devónico comenzó hace aproximadamente 419 millones de años y terminó hace 358, es como si nos dijeran que el primer gobierno de López Pumarejo fue entre 1934 y 1938. Obviamente tenemos más que claro que el Devónico fue mucho más prolongado que la primera administración López. Pero esas cifras en millones de años, en la práctica, no nos dicen nada porque somos incapaces de dimensionarlas en nuestra mente.

Lo mismo nos sucede cuando nos dirigimos hacia el otro extremo. Tenemos noción de la hora, del minuto y del segundo porque los experimentamos a diario de manera permanente. En un reloj digital la décima de segundo nos angustia porque vemos pasar muy rápido los números del cero al nueve. De las milésimas de segundo nos dan razón en las carreras automovilísticas, aunque obviamente somos incapaces de percibirlas.

Así que, cuando nos hablan de los sucesos que ocurrieron inmediatamente después del Big Bang que dio origen al Universo, volvemos a lo mismo. Es imposible dimensionar los tiempos tan cortos en que se conformaron las partículas subatómicas. Los subíndices negativos indican el número de ceros después de la coma necesarios para expresar esa cifra en segundos. Es decir, una milésima de segundo se expresa como 10-2 segundos. 10-43 segundos es 0,00... (43 ceros) 1 segundo. Veamos tres momentos del origen del universo sin entrar en detalles que tomaría páginas enteras intentar explicar. Entre el instante cero y 10-43 segundos después del Big Bang, todo el universo tenía un tamaño de 10-33 centímetros. 10-11 segundos después, el universo ya había alcanzado el tamaño del sistema solar y apenas un segundo después de la gran explosión, algunas decenas de años luz. Toda una serie de sucesos que determinan la formación de las partículas elementales ocurren en un lapso inconcebiblemente rápido. ¡¿Cómo concebir esas cifras, si a nosotros nos cuesta trabajo entender cómo hace un McLaren P1 para pasar de cero a cien kilómetros por hora en dos segundos y ocho décimas?!

Por eso es tan complicado hacernos una idea en nuestra cabeza de la evolución, el origen del universo y su expansión, y nos resulta mucho más familiar imaginar un Dios que construye un universo en seis días y que descansa el séptimo. Pero la ciencia nunca se siente a gusto en ambientes cómodos de certezas que no se discuten. Un buen ejercicio para acercarnos un poco a esas cifras tan extremadamente grandes o pequeñas consiste en hacer símiles. Es muy famoso el calendario que propuso Carl Sagan en la serie Cosmos, en el que redujo la historia del universo a un año.

A mí, para poner a la especie Homo sapiens en su justa dimensión, me gusta imaginar que la Tierra es una persona con una esperanza de vida de 85 años. Eso significa que en la actualidad tiene unos 38 o 39 años de edad, ya que ha vivido unos 4.500 millones de años y, según predicen los modelos de los cosmólogos, el Sol la engullirá dentro de unos 5.000 millones de años, cuando el astro rey agote su combustible y se transforme en una estrella gigante roja. Por ese motivo, cuando me desanimo ante el desastre ambiental que ha provocado la humanidad y que muy probablemente nos llevará a la extinción habiéndonos llevado por delante casi todos los biomas y ecosistemas del planeta, pienso que esa persona llamada Tierra hace 12 horas contrajo una molestia casi imperceptible (aparición del Homo sapiens). Hace una hora (invención de la agricultura) empezó a dolerle un poco pero no le prestó demasiada atención al asunto. Pero desde hace dos minutos (revolución industrial) una alergia horrible le cubre casi todo el cuerpo y no sabe si irse ya para urgencias.

Si la humanidad desapareciera de la Tierra por la razón que sea (autoaniquilación o traslado a otro planeta ante la incapacidad de sobrevivir en este) dejaría una huella que, en nuestra mente, tardaría eternidades en borrarse. En su libro El mundo sin nosotros, Alan Weisman calcula que los últimos rastros del paso del hombre por este planeta se borrarían en alrededor de un millón de años. Toda una eternidad. Sin embargo, si regresamos al símil, a esa persona llamada Tierra el médico le daría apenas tres días de incapacidad para reponerse del todo de esa molestia que le provocó Homo sapiens.

Así que cuando ustedes se maravillen ante la complejidad y diversidad de los seres vivos, así como de las galaxias, las estrellas y los planetas, recuerden que todo esto es el resultado de procesos que sucedieron en períodos inconmensurablemente cortos y extremadamente largos. Y con respecto a nosotros, los Homo sapiens… somos apenas un par de horas en los casi 40 años de existencia del planeta Tierra. De nosotros depende aprender a vivir en ella de una buena vez si pretendemos permanecer aquí aunque sea un día.

 

Biólogo dedicado a las comunicaciones. Eduardo Arias ha escrito como periodista acerca de temas de medioambiente y divulgación científica. Ha escrito libros y publicaciones para el Inderena y el Instituto Alexander von Humboldt. También ha escrito varios libros de humor político y fue libretista y argumentista en el programa Zoociedad. En la actualidad es periodista independiente y ejerce el cargo de defensor del televidente de Señal Colombia.
Ilustraciones de Mariana Rojas Bermúdez.
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