Sobrevivir en los tiempos de la estupidez

Author: erincon Fecha:Marzo 31, 2019 / Etiquetas: Redes sociales, sesgos cognitivos, estupidez, psicología
 Las ciencias cognitivas han estudiado un fenómeno que favorece este tipo de razonamiento: los sesgos cognitivos.

por Andrés Carvajal

 

La otra vez en internet, la fama le llegó sin avisar a dos mujeres. Una se hizo célebre porque publicó un video en el que se queja de ir dos horas tarde “porque hay una partida de estúpidos, sí, estúpidos” que estaban marchando dizque para exigir derechos. La otra alcanzó el estrellato con el nombre artístico de “#LadyPopó” por no querer recoger la cagada que su perro acababa de dejar por ahí porque “es una regla absurda”, máxima que fue debidamente documentada en video y subida a la red por una vecina enojada. Muchos testigos del ascenso de estas nuevas estrellas fugaces, quizás con algo de repugnancia y quién sabe si con una pincelada de envidia, respondieron con el meme que le ha dado la vuelta al mundo varias veces: ¡No hagan famosa a la gente estúpida! A mí me tiene sin cuidado que hagamos famosos a los estúpidos en internet. Lo digo por llevarle la contraria a Umberto Eco: a mí sí me parece que hay “legiones de idiotas” que alcanzan el poder, la riqueza y la fama sin redes sociales, como se ha visto a lo largo de la historia de la humanidad. Entonces, antes que sobre la propagación de la estupidez propia y ajena, me interesa saber sobre su naturaleza misma, y como ya es tradición en estas columnas: ¿qué dice la ciencia al respecto?

Definamos el pensamiento estúpido como lo contrario al pensamiento crítico. El pensamiento crítico se esfuerza por llegar a la posición más razonable y mejor justificada. Mientras tanto, el pensamiento estúpido traga entero y produce distorsión en las conclusiones, interpretaciones ilógicas e inexactitud en los juicios, del tipo “la caca es orgánica y se va a descomponer”, como dice #LadyPopó. Cosa obvia, pero pasa por alto el pésimo rato de quien pisa el aporte al mundo de su perro o la salud de los niños que pasan por ahí, como argumenta su vecina. O del tipo: me quejo porque un día me demoro dos horas en llegar porque gente estúpida sale a marchar a exigir sus derechos. Este juicio se refiere al paro de maestros que reclamaban más financiación para el sistema colombiano de educación pública, en el que hay niños que se demoran todos los días tres horas caminando para llegar a su institución educativa.

¿Cómo se llega a pensar de manera estúpida? Las ciencias cognitivas han estudiado un fenómeno que favorece este tipo de razonamiento: los sesgos cognitivos. Se trata de distintos efectos que le dan una tramposa apariencia de virtud a interpretaciones irracionales de la información disponible, los veo como espejismos que mejoran la apariencia de pensamientos poco fiables, hagan de cuenta unos filtros de Instragram para la irracionalidad.

La lista de sesgos descritos por las ciencias cognitivas es tan amplia y diversa como la de aves y problemas de Colombia. Tanta diversidad de sesgos tiene una explicación desde el punto de vista evolutivo: aunque pueden producir errores y la infamia en internet, a veces pueden ayudar a tomar decisiones más rápidas en casos de vida o muerte, donde no hay tiempo para procesar de manera racional toda la información. Así como todos hemos usado filtros de Instagram, todos hemos pensado de manera estúpida.

Por ejemplo, el sesgo de confirmación, que hace que busquemos solo la información que confirme lo que ya creíamos de antemano, para poder decir “¡sí ve! ¡Se lo dije! ¡Era gol de Yepes”.

Otro sesgo es el efecto ancla, que produce que nos fijemos con exceso, cual stalkers, en la primera información que recibimos. Este sesgo es amado con locura por el comercio, que pone el precio inicial de algo que nadie necesita, como un disco de Fonseca, en $10.000 y luego uno termina comprándolo solo porque lo dejaron en $8.900 y no puede quitarse de la cabeza que antes valía $10.000 y por lo tanto qué ganga, hermano.

 

 

De todos los sesgos hay uno que se destaca: el efecto Dunning-Kruger, llamado así por los investigadores Justin Kruger y David Dunning de la Universidad de Cornell (Nueva York), quienes lo descubrieron en 1999 tras un estudio inspirado en el epílogo de un par de robos bancarios en Pittsburgh, Estados Unidos. El ladrón, quien cometió los asaltos sin máscara, disfraz o pasamontañas y a plena luz del día, no se explicaba cómo era posible que lo hubieran agarrado si había tomado la precaución de echarse zumo de limón en la cara: estaba convencido de que esto lo hacía invisible ante las cámaras de seguridad. El efecto Dunning-Kruger es fascinante porque consiste en que las personas más incompetentes son las que más confían en sus habilidades y las que más creen que los demás son incompetentes. Su propia incompetencia los ciega. Al mismo tiempo, produce lo contrario en las personas que son más competentes que la media: tienden a subestimar sus propias capacidades y a creer que los demás son tan hábiles como ellos. Este podría ser el capo de los sesgos, el sesgo de sesgos, porque trata del pensar sobre el pensar (el metaconocimiento). Es el sesgo que hace que entre más tontos somos, más inteligentes nos creemos. Es el sesgo típicamente colombiano, el del avispado que se siente inteligentísimo cuando adelanta a otros carros por la berma en un trancón o se cuela en una fila o resuelve una controversia diciendo “¡usted no sabe quién soy yo!”, o “¡estudien vagos!”

Según el efecto Dunning-Kruger, si #LadyPopó y la señorita voy-dos-horas-tarde-por-culpa-de-unos-estúpidos-que-exigen-sus-derechos fueran más competentes en los temas de la caca de perro y la protesta social que la media, tal vez serían menos petulantes con sus juicios. El efecto Dunning-Kruger es la manera en que la ciencia dice “la ignorancia es atrevida”. Y no solo es atrevida, también es viral. La forma de evitar este sesgo cognitivo es haciéndose más competente. Y la mejor manera de evitar en general todos los sesgos es volviéndose consciente de ellos.

Mejor dicho, el método más eficaz para dejar de hacer famosa a la gente estúpida no es tratando de esquivar las inesquivables tendencias de las redes sociales, sino procurar una mejor educación. Esa conclusión es esperanzadora en la medida en que hace posible que el pensamiento estúpido pueda ser sustituido por el pensamiento crítico. Al mismo tiempo es una idea aterradora en un país con un sistema educativo como el de Colombia, donde, tal parece, exigir una mejor educación es estúpido y una pérdida de tiempo.

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Nota: para saber sobre otros sesgos, unos que propician comportamientos violentos y discriminatorios, lean esta columna de Mario Murcia.

 

Andrés Carvajal ha escrito sátiras para diversos medios y formatos, como la ponencia White Elephants Come First (en la conferencia sobre derechos humanos y educación de Colombian Academics en City University of New York - 2016). Ganador de la convocatoria New Media 2017 (Proimágenes, MinTic y Canada Media Fund) con Aprende con Muchotrópico, formato audiovisual de sátira. Cocreador y editor de la serie documental infantil Emoticones, finalista en los festivales Prix Jeunesse International 2018 y FAN Chile 2018.

 

Ilustraciones de Jhonny R. Quintero 
 

 

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